lunes, 15 de noviembre de 2010

Ciencia y Tecnología 14 Nov 2010 | 08:51 am - Por Fabiola Zerpa

Venezuela queda rezagada por asfixia a investigadores

La lenta asfixia que sufren los centros académicos y de investigación ha disminuido la producción y anulado la figuración del país en el campo científico internacional. La baja ocurre a la par que el Gobierno insiste en una ciencia pertinente y en condicionar un programa que estimula a 6. 829 investigadores en las universidades nacionales.


Elsi Jiménez es bibliotecóloga, profesora e investigadora de la Universidad Central de Venezuela. Hace tres años compraba revistas y libros especializados para mantenerse actualizada.

También podía costearse la membresía en tres asociaciones académicas internacionales en su área. En 2008 viajó a Río de Janeiro, Brasil, para asistir a una conferencia sobre Educación Superior e Información, su especialidad. Ya no puede hacer ninguna de las tres cosas.

La académica, después de 20 años de trabajo, alcanzó la categoría III del Programa de Promoción del Investigador, una iniciativa gubernamental que se implementó en 1990 para impulsar la investigación en las universidades y en los centros científicos adscritos al Estado.

"Con ese dinero podía costearme publicaciones extranjeras y nacionales para estar al día, así como organizarme para acudir a un simposio en el interior. Ahora no", señala quien también fue directora de la Biblioteca Central de la UCV. "Sería lamentable que el único programa que alienta el trabajo académico en Venezuela fuera cerrado".

Jiménez se refiere al anuncio hecho el 28 de octubre por el Ministerio de Ciencia y Tecnología e Industrias Intermedias: el Gobierno le retiró el oxígeno al Programa de Promoción del Investigador, un sistema a través del cual se impulsó desde 1990 la formación de 8.869 estudiosos en el país.

Ese mismo día, la página web del Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología notificó que de los 6.829 investigadores inscritos en el programa, sólo se le pagaría el primer trimestre del año 2010 a 4.377 profesionales. El resto quedó relegado. También hizo un anuncio que ha caído como una bomba en el ámbito académico: "Hasta los momentos no hay definición de políticas para nuevas convocatorias del PPI ni decisiones institucionales en cuanto al futuro del programa".

La información corrió como pólvora en las redes científicas, causó consternación y reavivó los temores que existen desde hace dos años: que la suspensión del programa sea el preludio de la politización definitiva de la investigación en Venezuela, a través de la imposición de la "ciencia pertinente" y el acorralamiento de la diversidad e independencia científica.

En mayo, José Luis Berroterán, presidente del Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología, organismo que administra el Programa de Promoción del Investigador, aseguró que en 2010 habría otra convocatoria para ingresar en el sistema y que se estaban evaluando los nuevos parámetros. Entre ellos, dijo, se tomaría en cuenta únicamente investigaciones cuyas líneas de trabajo fueran cónsonas con los planes de desarrollo del Gobierno enmarcados en el Proyecto Nacional Simón Bolívar.

"Las últimas decisiones están en manos del propio Presidente de la República. Será él quien determine los nuevos lineamientos del PPI", afirmó Berroterán. La convocatoria aún no se ha producido.

La Universidad de Carabobo, la Universidad Nacional Experimental de Guayana, la Universidad de Los Andes y la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar se han manifestado esta semana en contra de la posición del Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología, adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología e Industrias Intermedias. Algunas casas de estudio solicitaron reconsiderar la medida para aquellos investigadores que quedaron fuera.

A partir de este domingo la Asociación Venezolana para el Avance de las Ciencias tratará el tema durante su convención anual, que se celebrará en Ciudad Bolívar, al término de la cual fijará posición. A la reunión han sido invitados los consejos de desarrollo científico y humanístico de varias universidades, que también emitirán un comunicado.

Camino de piedras

La suspensión de oficio del Programa de Promoción del Investigador se inscribe en una cadena de hechos que han alertado a la comunidad científica sobre el matiz político que se le quiere dar a las ciencias en el país y la escasa tolerancia para quienes discrepan: el despido de científicos de Intevep en 2003; la salida de 27 investigadores que estaban bajo régimen de permanencia del IVIC (jubilados con responsabilidades académicas, calificados de privilegiados por el presidente Chávez); el ahogo financiero a las universidades nacionales, que llevan tres años con presupuesto reconducido; y la aprobación de leyes clave para el sector sin la debida consulta con la comunidad científica del país.

"Siempre nos hemos quejado por el presupuesto y las condiciones de trabajo", dice Carlos Caputo, uno de los 27 jubilados del IVIC, que debe salir en abril de 2011. "La situación ha empeorado en los últimos años y se ha exacerbado con la introducción de la política en las academias", señala. Aún recuerda las palabras del presidente Chávez en mayo de 2009 cuando dijo que en el IVIC había "un bojote de escuálidos" y que no daría dinero para que "Ciro Peraloca investigue la vida en Venus". Y lo que tres meses después reafirmó el entonces ministro de Ciencia y Tecnología, Jesse Chacón: "Queremos investigación pertinente, que resuelva el problema de los venezolanos y no investigaciones atadas a mecanismos que terminan produciendo papers (papeles) que le sirven a los franceses, a los suizos, a los noruegos, pero no resuelven los problemas nuestros".

Rafael Rangel-Aldao, investigador de la Universidad Simón Bolívar, afirmó en el artículo "La política científica y tecnológica de Venezuela 1999-2008", publicado en la revista electrónica latinoamericana Bitácora-e, que el Gobierno ha utilizado un marco legal compuesto por el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2005-2030; la Misión Ciencia y la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación para privilegiar el matiz ideológico en la formación y orientación de las ciencias, con bajos resultados en los indicadores de productividad científica.

Afirma que el plan nacional tiene un marco político estratégico que no deja dudas sobre la ideologización de la ciencia en Venezuela en pro de la parcialidad política gobernante. Indica que, aunque prevé objetivos de indudable validez como la independencia científica y tecnológica, la inclusión social y mayores capacidades nacionales, sólo se ha hecho énfasis en el "modelo endógeno de desarrollo y la sustitución en la toma de decisiones de la comunidad científica por los llamados `actores de la sociedad venezolana’, la nueva burguesía gobernante o la revolución bolivariana socialista".

Cita como ejemplo que la mayor parte del financiamiento del plan se otorga a "nodos socialistas de alta tecnología, trenes socialistas de innovación agroproductiva y apropiación social de las tecnologías de la información y la comunicación".

En total, dice, entre 2005 y 2008, 56% de los fondos se dedicó a proyectos no científicos en detrimento de la agenda científica.

"Esa misión no otorga recursos para las ciencias sociales, lo mismo que el Fonacit (Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Investigación) desde 2004", indica Jorge Blanco, director de investigaciones del Cendes, ente adscrito a la UCV. Eso se debe a que muchos estudios en esta área son críticos con la gestión de Gobierno, agrega.

Yajaira Freites y Humberto Ruiz Calderón, investigadores del IVIC, también destacan como un hito en el acoplamiento jurídico al proyecto político del Gobierno la promulgación de la Ley del IVIC sin tomar en consideración los planteamientos que hizo la comunidad de investigadores de ese instituto. Ésta había solicitado incluir representantes de entes productivos públicos y privados en el Consejo Directivo, así como la creación de una comisión de planificación. "Aún más, el reglamento posterior disminuyó la autoridad del director y fortaleció la del Consejo Directivo ­integrado por científicos afectos al régimen­ al concentrar en él la toma de decisiones", señalan.

Lamentan que el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología tampoco haya sido consensuado. "Con ello se reitera un `estilo de gerencia’ o de `control político’ que se ha hecho común en otros ámbitos, tanto en el gubernamental como más ampliamente en el social".

Rangel-Aldao indica que la mayoría de los instrumentos gubernamentales de política científica y tecnológica, desplegados en el último decenio, "no han hecho otra cosa que contribuir en forma tristemente sinérgica al estancamiento de la capacidad nacional de producción de conocimientos".

La profesora Elsi Jiménez cree que la situación del Programa de Promoción del Investigador, junto con la merma de presupuesto de las universidades nacionales autónomas, "se han convertido en una asfixia mecánica contra la pluralidad de la investigación".

Los dos índices que visibilizan más esta producción son las patentes registradas y la publicación de estudios científicos. "Ambos factores han ido disminuyendo en el país", afirma Jaime Requena, ex investigador del Instituto de Estudios Avanzados y analista de la actividad científica.

"Por esas medidas, la ciencia venezolana está en peligro".

Requena recuerda que en el pasado la innovación venezolana marcó hitos internacionales. Cita tres ejemplos: "El primero fue la harina de maíz precocida, que es la base de la venezolanísima arepa. El segundo fue la cuchilla de diamantes, que introdujo un cambio tecnológico en la microscopía; y la orimulsión, una salida comercial de suma utilidad para las grandes reservas de petróleo que se hallan en las arenas bituminosas del Orinoco".

Igualmente, investigadores de las universidades autónomas adscritos al programa de promoción han hecho descubrimientos que mejoran la calidad de vida de los venezolanos en forma muy directa. Entre ellos está la vacuna contra la diarrea elaborada a partir de la identificación del rotavirus que hizo el Instituto de Biomedicina de la UCV y los estudios de inmunología en trasplante del riñón de la Universidad del Zulia.

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